Convertido en uno de los temas de conversación más recurrentes de las últimas semanas, el kit de supervivencia de 72 horas, que recomienda la Unión Europea para eventuales emergencias ha provocado indignación, hilaridad, miedo y sorpresa, aunque parece que esto último no pilla a muchos habitantes, gallegos y no tantos, sobre lo que ha parecido un drama en las ciudades.
En un mundo donde ir al supermercado está a la orden del día, tener cierto nivel de provisiones en casa suena a cuento de posguerra, pero es algo más habitual de lo que puede parecer en muchas regiones, provincias y pueblos de España donde ir al supermercado –contando por supermercado el pequeño ultramarinos que puede haber– no es siempre tan sencillo.
Lo cierto es que la evolución del consumo en España, el despoblamiento rural y el éxodo de los pueblos a las ciudades también nos ha malacostumbrado a bajar a comprar en cualquier momento del día cuando se vive en grandes ciudades.
Una realidad que en determinadas zonas con poblamientos especialmente dispersos no pilla por sorpresa como para tener comida no perecedera, repuestos de pilas, agua potable, combustible y medicamentos como para que tres días de aislamiento –o más– no supongan un gran drama.
Algo de lo que se hace eco el diario lucense El Progreso, donde se recogen testimonios de personas que, evidentemente, no van al supermercado a diario y que han hecho de un cierto nivel de autoabastecimiento su modus operandi. Algo totalmente alejado de la ciudad y sus ritmos de vida, pero la evidencia de que pequeñas huertas y corrales han sido una forma de independencia alimentaria desde hace décadas. Hasta ahora, claro.
Por eso, a muchos gallegos esta economía de autoconsumo no les pilla desprevenidos. Tampoco a habitantes de otras zonas rurales, también con un alto grado de dispersión, donde, además, puede haber fenómenos climatológicos que condicionen el acceso o salida de estas zonas como nevadas, ventiscas o inundaciones, sabiendo que deben tener, generalmente en invierno, una buena remesa de víveres para poder salir del paso cuando esto sucede.
Algo de lo que se hacía eco una de las entrevistadas por El Progreso, que recordaba que "ese modo de vida es conocido por todos, pero en las ciudades se ha desconectado en gran medida de ese espíritu".
El Pirineo, la Cornisa cantábrica, muchos pueblos de interior en cualquier punto de España… Hay determinadas zonas del país donde las despensas están casi perpetuamente llenas por lo que pueda pasar y donde estas alertas comunitarias no suponen una preocupación.
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